domingo, 20 de septiembre de 2015

Ni Venezuela está tan mal ni en Colombia estamos tan bien. Andrés Gil


Ni Venezuela está tan mal ni en Colombia estamos tan bien
Analisis de Andrés Gil sobre la crisis de la frontera
Por: Andrés Gil         | septiembre 13, 2015
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Ni Venezuela está tan mal ni en Colombia estamos tan bien
“Aquí por lo menos no tenemos que hacer fila en el supermercado” o “allá no tienen ni papel higiénico” o “en Venezuela no hay justicia, derechos humanos, ni democracia” son frases repetidas todos los días por importantes periodistas, y luego por la gente común.

Lo curioso es que aquí hemos aprendido a ver a Venezuela como un país en la ruina, donde la gente se muere de hambre, donde un presidente loco y bruto toma las decisiones, algo así como el “vecino loco” de la cuadra mientras nosotros los “vecinos bien” lo miramos con fastidio.

¿Y si les digo que en muchos aspectos Venezuela está mejor que Colombia? antes de que suspendan esta lectura indignados, les pido que vean estas cifras:

Según la UNESCO en Venezuela el 83% de los jóvenes va a la universidad mientras que en Colombia sólo lo hace el 32%.

Venezuela, siendo un país con 29 millones de habitantes, tiene 43 universidades públicas, mientras nosotros con 47 millones de habitantes (18 millones más), tenemos 32. Mientras Colombia tiene 1.106.244 estudiantes cursando educación superior pública (incluso en el SENA), Venezuela tiene 1.673.963 estudiantes estudiando en universidades públicas.

¿Sabían que en Venezuela hay un hospital público por cada 136.000 habitantes y en Colombia hay un hospital por cada 178.000? pero sobre todo, ¿sabían que en Venezuela a los hospitales no los tienen quebrados las EPS?. La salud en Venezuela tampoco es la mejor pero les recuerdo que aquí los hospitales públicos como el Universitario del Valle tampoco tienen gasas, ni jeringas ni guantes. La deuda de las EPS con los hospitales de Colombia asciende a 5,2 billones de pesos.

Pero les aseguro que con este dato van a abrir los ojos y lo tomarán por ficción, pero es real, ¿sabían que según cifras de la FAO (no del Gobierno venezolano) en Venezuela hay menos mal nutridos, es decir gente que pasa hambre, que en Colombia? Así es, según este organismo internacional, en Venezuela el 5% de la población aún pasa hambre, mientras que en Colombia es el 15%. Refresco la memoria: La Guajira, Chocó y Vaupés tienen índices de NBI similares a los de Ruanda o el Congo; todos conocemos el drama de los niños Wayú que mueren de hambre, o los de Chocó que mueren por diarrea. Hasta donde he podido averiguar, eso no pasa en Venezuela.

¿Sorprendidos? ¿Aún no creen? Pues el programa mundial de lucha contra el hambre y la pobreza de la FAO se llama Hugo Cháves Frias.

Pero eso no es todo, el déficit de cobertura de agua potable en Venezuela es de 5,3 %, en Colombia es de 28 % (aquí aún hay municipios sin agua comenzando por Santa Marta, y ni hablemos de la ruralidad).

Y hay más, si hablamos del sistema pensional, en Colombia es un chiste, sólo el 20 % de la gente se pensiona, y la realidad es que la gente que cotiza no sabe si algún día se pensione. En Venezuela la gente que disfruta de una pensión es el 73 %.

Como si fuéramos un país nórdico decimos en tono despectivo, “Caracas es una de las ciudades más violentas del mundo” o “en Venezuela la delincuencia es brutal”, como si en Colombia no tuviéramos a cinco ciudades entre las 100 de las que mas homicidios reportan en el mundo, como si aquí no hubiera también una desesperante inseguridad.

El Gobierno Santos lleva años sacando pecho con las 100.000 casas gratis (de Cambio Radical), durante estos cinco años, ¿saben cuantas casas gratis ha entregado el Gobierno venezolano? 735.000, de las cuales 170.000 han sido entregadas a familias Colombianas que residen en ese país.

¿Sorprendidos? ¿escépticos? Los comprendo, en un país donde el presidente de al lado tiene una aceptación  del 5 %, es normal que se piense que Venezuela es la antesala del infierno… pero si así fuera, nosotros estamos un pasito adelante.

Sobre el caso Leopoldo López en Colombia se indignan, “en Venezuela no hay justicia” como si aquí no tuviéramos a un Pretelt, (presidente de la Corte Constitucional, por dios) diciendo “si me voy yo, nos vamos todos” o al magistrado Villarraga negociando impunidad para un militar condenado por los falsos positivos. Como recientemente comentó Gonzalo Guillén:“la justicia es inferior a la mafia” y no precisamente refiriéndose a Pablo Escobar.

Podríamos seguir: aquí dicen que en Venezuela no hay democracia, que es una dictadura, como si aquí no se compraran votos, jurados o hasta registradurías completas.

¿Hablamos de corrupción? ¿carrusel de la contratación de Bogotá, carteles privados, carteles públicos, reforma a la justicia, Agro Ingreso Seguro, Yidis política, Santoyo?

¿Hablamos de violaciones a derechos humanos? ¿Falsos positivos, 6 millones de desplazados, 92.0000 desaparecidos, “casas de pique”?

La verdad creo que en Colombia tenemos que ir aterrizando: ni en Venezuela están tan mal, ni aquí estamos tan bien.

Si lo que dice Santos es verdad, que el sistema venezolano se está autodestruyendo, ¿qué diremos del nuestro entonces?

No me malentiendan, no digo que Venezuela sea un país perfecto, es un país con problemas y serios, lo que cuestiono es que el debate sobre este país hermano no se ajusta a la realidad, las opiniones son descaradamente sesgadas y muchos periodistas  son claramente tendenciosos. En los medios se maximizan los problemas de Venezuela y lo que allá se hace bien aquí se desconoce, se omite… o se oculta.

En su tiempo, a Salvador Allende le llamaron loco mientras la gran industria chilena saboteaba la economía generando desabastecimiento, y la CIA construía un poderoso andamiaje que terminaría con su derrocamiento  y asesinato. La historia suele repetirse.

Tomado de:

http://www.las2orillas.co/ni-venezuela-esta-tan-mal-ni-en-colombia-estamos-tan-bien/?utm_source=Las2Orillas&utm_campaign=ad1f847313-_14_09_15_Mailing_Las2orillas&utm_medium=email&utm_term=0_c8e983cea9-ad1f847313-96028469

domingo, 31 de mayo de 2015


Por qué leer poesía ayuda a tu cerebro

Las figuras retóricas que florecen en la poesía desafían algunas regiones del cerebro, mucho más de lo que puede hacerlo la narrativa (novelas y relatos) o incluso el cine, con sus impresionantes efectos visuales.

A nuestro cerebro le gustan las figuras retóricas, en especial, aquellas que estimulan el área frontal.
Basta un sencillo oxímoron, es decir, dos palabras con significado opuesto que al unirse originan lo imposible, por ejemplo: "nieve negra", "agua seca" o "ruidoso silencio", para que el área frontal de nuestro cerebro se regocije como un niño que recibe un regalo inesperado.
La poesía, cuando es buena y abunda en figuras literarias, genera un tipo de actividad cerebral única.
El Basque Center on Cognition, Brain and Language, de San Sebastián (España), realizó un interesante estudio al respecto de la poesía y su influencia en el cerebro.
Al parecer, nuestro cerebro presta especial atención a algunas figuras literarias, desde luego, no todas tan felices como las que transitan el hecho poético. A menudo una frase o un aforismo logran el mismo efecto.
A nuestro cerebro le gusta la poesía por una razón muy simple: para procesar la información de un oxímoron o de una metáfora el cerebro utiliza más recursos de lo habitual, por ejemplo, que los empleados para descifrar un letrero publicitario.
En cierta forma podemos decir que la poesía nos ayuda a pensar más y mejor.
Ahora bien, la poesía estimula al cerebro más y mejor que las imágenes, justamente porque en muchos casos debe procesar datos que no existen, por ejemplo, aquella "nieve negra", que citábamos anteriormente.
Alguien podrá decir que en muchas películas se ven cosas que no existen, lo cual es cierto, pero no para el cerebro. Lo que captan nuestros ojos, aún en una pantalla de cine, nunca desafía a nuestro cerebro, precisamente porque lo visual no puede ser una abstracción.
Si pintamos en un cuadro aquella "nieve negra", nuestro cerebro la admitirá como una rareza, es cierto, pero una rareza real. Sin embargo, el cerebro necesita esforzarse para procesar las grandes abstracciones que proceden de las figuras retóricas, porque éstas no existen ni provienen del registro visual.
El experimento realizado consistió básicamente en la medición de la reacción y la actividad cerebral de la parte frontal (íntimamente relacionada con el lenguaje) cuando los sujetos investigados leían cuatro expresiones distintas: una incorrecta, otra neutra y dos figuras literarias: un oxímoron y un pleonasmo; éste último, un vocablo superfluo que se utiliza para añadir expresividad.
Las expresiones eran las siguientes:
  • "Monstruo geográfico" (incorrecta).
  • "Monstruo solitario" (neutra).
  • "Monstruo hermoso" (oxímoron).
  • "Monstruo horrible" (pleonasmo).
De los encefalogramas realizados sobre los individuos mientras leían estas expresiones se desprende que la expresión neutral (monstruo solitario) es la que menos recursos cerebrales consume para procesarse, con 300 milisegundos de reacción luego de percibirla.
La tercera es la expresión incorrecta (monstruo geográfico), con 400 milisegundos de tiempo de respuesta. El pleonasmo se lleva el segundo puesto (monstruo horrible), con 450 milisegundos. Y el oxímoron (monstruo hermoso) venció a las demás al obtener 500 milisegundos de respuesta.
Como queda demostrado en este experimento, no es necesario conocer de poesía o siquiera estar familiarizado con la estructura de una figura retórica para que el cerebro la disfrute.
La expresión neutral (monstruo solitario) no exige en absoluto al cerebro, de modo que su tiempo de respuesta es el normal; la expresión incorrecta (monstruo geográfico) fatiga ligeramente a nuestro cerebro, que detecta en su estructura algo equivocado; el pleonasmo (monstruo horrible) sigue esta misma línea, ya que el cerebro parece trabarse un poco frente a lo redundante; y el oxímoron (monstruo hermoso) logra obtener de él su máxima atención y, por lo tanto, un tiempo de respuesta más prolongado en el área frontal.
Y no solo eso, las figuras retóricas que florecen en la poesía desafían otras regiones del cerebro, mucho más de lo que puede hacerlo la narrativa (novelas y relatos) o incluso el cine, con sus impresionantes efectos visuales.
El secreto de la poesía reside en que su lectura activa simultáneamente las conexiones del área frontal del cerebro y el hipocampo, ambas implicadas en el procesamiento del significado.
En cualquier caso, la poesía parece ser un excelente ejercicio para nuestro cerebro, y lo que es aún mejor, un ejercicio que genera hábito.
Después de leer Las flores del mal (Les fleurs du mal), de Baudelaire, por ejemplo, nuestro cerebro reduce su tiempo de respuesta frente a ciertas figuras retóricas que ya conoce, de modo que no puede ser fácilmente estimulado con material de menor calidad.